Relatos, cuentos y otras historias…



martes, 20 de junio de 2017

Dentro de mí

Te hice pequeñito, diminuto, casi invisible.

Para hacerte desaparecer en mí.

Para que viajaras por mis venas y dilataras mis pupilas.


Te hice pequeñito, diminuto, casi invisible.

Para llevarte siempre conmigo.

Para que jugaras en mis pechos y durmieras en mi cuello.


Te hice pequeñito, diminuto, casi invisible.

Para no perderte nunca.

Para que navegaras por mis ríos y atracaras en mi seno.


Te hice pequeñito, diminuto, casi invisible.

Para respirarte cada vez que te pienso.

Para acompañar al aire que te hiciera deslizar hasta mis pulmones y flotar en ellos.


Te hice pequeñito, diminuto, casi invisible.

Para abrir todos mis poros que gritan tu nombre.

Para que escucharas mi corazón desde dentro.

domingo, 4 de junio de 2017

Nunca es tarde

Cuentan, que hace mucho, mucho tiempo, un hombre vio entrar a una mujer.

Se miraron hasta creer detener el tiempo, sin embargo ninguno de los dos pudo hablar; la mano del temor presionaba fuerte sus bocas.

No se volvieron a encontrar pero, sin ellos saberlo, habían quedado unidos para siempre con un hilo invisible que unía un corazón al otro. No lo podían ver aunque, en ocasiones, creían sentirlo cuando alguno de los dos se alejaba un poquito más y un leve tirón en el alma les hacía retroceder y volver a su recuerdo.

Muchas veces, sin saber por qué, mordían sus labios hasta hacerlos sangrar e intentaban atar sus manos para no tocar a otros cuerpos. Pero fue imposible que el hilo no se enredara en otros nombres que no eran los de ellos. Porque la vida siguió, casi sin masticar, engulléndolos por completo, negando que se seguían buscando en silencio, porque creyeron que era más fácil vivir así, dándose por perdidos.

Pero una noche, a cada uno de ellos una punzada les despertó, justo allí, donde tenían atado el hilo a su pecho. El dolor lo hizo visible y la nostalgia les empujó a seguirlo ahora que podían verlo; y cada uno desde su extremo empezó a recorrerlo.

Dicen que no fue fácil y que el camino duró mucho, mucho tiempo hasta que, por fin, las manos de uno y otro se encontraron en el mismo hilo que tantos años atrás les había unido en secreto.

sábado, 3 de junio de 2017

Ángel

Y tumbada aún después del milagro,
te vestí de ángel e imaginé que volabas hacia la calma,
hacia el vivir eterno en mi recuerdo.

Inventé para ti el más bonito de los cielos,
sin sospechar que todavía eras cuerpo,
y no alma como quisieron vendernos.

No hubo llanto, no hubo tacto,
no hubo encuentro.
No hubo beso, no hubo abrazo,
no hubo manita agarrando mi dedo.

Solo hubo un duelo,
el dolor de saberte mío y no serlo.
El dolor del engaño, el dolor de la muerte en vida,
de la vida de un muerto.

Y tumbada aún después del milagro,
te vestí de ángel e imaginé que volabas hacia la calma,
hacia el vivir eterno en mi recuerdo.


Poema recitado en las jornadas culturales "Bebés robados en la memoria viva."

domingo, 11 de diciembre de 2016

Contigo sin ti

El olor a tabaco me despertará. Y te veré salir de la habitación dejando tras de ti un rastro de humo. Tumbada aún en la cama recorreré con la mirada la grieta del techo. La misma grieta de todas las mañanas, la misma grieta que parece querer partir en dos la habitación.

Volverás a entrar para abrir sin compasión las cortinas de la ventana dejando entrar la luz del día que, violenta y sincera, me devolverá a la realidad. Qué lejos quedará la noche anterior, donde todo se prometerá, todo cambiará y hasta todo parecerá verdad. Y entre aquella seductora nebulosa de mentiras que ambos crearemos, volveré a subir los escalones que me lleven a tu casa, incluso con la osadía de creer haber ganado. Pero no es cierto, contigo siempre pierdo. Y nunca aprendo, aunque me lo apunte a fuego en algún lugar entre el corazón y mi sentido común.

Después de descubrir la mañana ante mis ojos, te quedarás mirándome mientras sonríes. Y me dirás algo que ni siquiera recordaré. Porque en menos de cinco minutos escucharé cerrarse la puerta y sabré que, una vez más, te habrás marchado. Será entonces cuando me quedé sola y perdida en una cama de sábanas frías, odiándote como jamás podría odiar a nadie, odio que sólo podré sentir escasos minutos, hasta volver a amarte por encima de todo.

Me levantaré y recogeré mis cenizas para salir de aquella habitación cual preso sale de su celda, prometiéndome en voz alta que aquella será la última vez que pise tu casa, la última vez que el humo de tu cigarrillo me despierte, la última vez que mire la grieta del techo partirse sobre mi cabeza, la última vez que la luz de la mañana entre por tu ventana para desmaquillarte de lo que nunca fuiste.

No habré cerrado aún tu puerta cuando ya sepa que jamás cumpliré mi promesa.

lunes, 5 de septiembre de 2016

¿Dónde acaba el cielo?

¿Dónde acaba el cielo?

Tu voz, entre palabras de gelatina que aprenden a acomodarse, me pregunta.

Tu ilusión, la que tú sólo sabes vivir, espera ansiosa la respuesta mientras se divierte en la profundidad de tus ojos, revoloteando como remolino de viento.

¿Dónde acaba el cielo?, me preguntas, y yo no sé qué contestar.
En el infinito quizá, o igual no acabe nunca y todo sea cielo, todo seas tú.


domingo, 21 de febrero de 2016

Amiga

Amiga, lo fuiste todo.

Porque amiga, fuiste la mejor.

Aquel verano fue el más largo.
Aquellas risas, las más plenas.
Tus historias, las más vividas.
Aprender de ti, en lo más profundo.

Porque amiga, me hacías vivir.

Nuestras lágrimas, las más compartidas.
Tu desamor, el más sentido.
Tu despedida, la más triste.
Tu distancia, la más lejana.
Tu añoranza, la más llorada.

Porque amiga, realmente te extrañaba.

Tu regreso, el más abrazado.
Tu compañía, lo más cotizado.
Buscar lo que se tuvo, lo más difícil.
La realidad, la mayor de las mentiras.

Porque amiga, fuiste la mejor.

Hasta en la traición, fuiste la mejor.

jueves, 7 de enero de 2016

Hierba entre adoquines

En el invierno austral que marca nuestra distancia, encuentro tu olor en la bufanda.

Entonces te recuerdo vestida de domingo, con pijama y calcetines, bajo la manta que arropaba todo nuestro mundo, una tarde de sofá en un fin de semana sin lunes.

La sangre de mis venas abiertas se derrama como las luces sobre las calles de esta ciudad que me sepulta en cada latido.

Pulso que me separa de ti, encuentro tu voz en la fotografía de la mesilla.

Cada noche una, diferentes hoteles y la misma melancolía junto al vaso de agua.

La carretera me muestra tantos lugares que me gustaría enseñarte, paraísos que dejaría ahora mismo a cambio de estar allí, (vuelvo a ese sofá), junto a ti y el rumor del ventilador frente a nosotros absorbiéndonos.

Deseos que mecen mi nostalgia, encuentro tu mano dentro del bolsillo de mi viejo chaquetón.

Y como hierba creciendo entre adoquines, me hago fuerte, sin flaqueza y sin tripas, corazón. Por ti, sólo por ti.

En el sur, más lejano que nunca, sin estrella polar.

En el sur, sin ti, qué cuesta arriba se hace soñar.