Relatos, cuentos y otras historias…



domingo, 11 de diciembre de 2016

Contigo sin ti

El olor a tabaco me despertará. Y te veré salir de la habitación dejando tras de ti un rastro de humo. Tumbada aún en la cama recorreré con la mirada la grieta del techo. La misma grieta de todas las mañanas, la misma grieta que parece querer partir en dos la habitación.

Volverás a entrar para abrir sin compasión las cortinas de la ventana dejando entrar la luz del día que, violenta y sincera, me devolverá a la realidad. Qué lejos quedará la noche anterior, donde todo se prometerá, todo cambiará y hasta todo parecerá verdad. Y entre aquella seductora nebulosa de mentiras que ambos crearemos, volveré a subir los escalones que me lleven a tu casa, incluso con la osadía de creer haber ganado. Pero no es cierto, contigo siempre pierdo. Y nunca aprendo, aunque me lo apunte a fuego en algún lugar entre el corazón y mi sentido común.

Después de descubrir la mañana ante mis ojos, te quedarás mirándome mientras sonríes. Y me dirás algo que ni siquiera recordaré. Porque en menos de cinco minutos escucharé cerrarse la puerta y sabré que, una vez más, te habrás marchado. Será entonces cuando me quedé sola y perdida en una cama de sábanas frías, odiándote como jamás podría odiar a nadie, odio que sólo podré sentir escasos minutos, hasta volver a amarte por encima de todo.

Me levantaré y recogeré mis cenizas para salir de aquella habitación cual preso sale de su celda, prometiéndome en voz alta que aquella será la última vez que pise tu casa, la última vez que el humo de tu cigarrillo me despierte, la última vez que mire la grieta del techo partirse sobre mi cabeza, la última vez que la luz de la mañana entre por tu ventana para desmaquillarte de lo que nunca fuiste.

No habré cerrado aún tu puerta cuando ya sepa que jamás cumpliré mi promesa.

lunes, 5 de septiembre de 2016

¿Dónde acaba el cielo?

¿Dónde acaba el cielo?

Tu voz, entre palabras de gelatina que aprenden a acomodarse, me pregunta.

Tu ilusión, la que tú sólo sabes vivir, espera ansiosa la respuesta mientras se divierte en la profundidad de tus ojos, revoloteando como remolino de viento.

¿Dónde acaba el cielo?, me preguntas, y yo no sé que contestar.
En el infinito quizá, o igual no acabe nunca y todo sea cielo, todo seas tú.


domingo, 21 de febrero de 2016

Amiga

Amiga, lo fuiste todo.

Porque amiga, fuiste la mejor.

Aquel verano fue el más largo.
Aquellas risas, las más plenas.
Tus historias, las más vividas.
Aprender de ti, en lo más profundo.

Porque amiga, me hacías vivir.

Nuestras lágrimas, las más compartidas.
Tu desamor, el más sentido.
Tu despedida, la más triste.
Tu distancia, la más lejana.
Tu añoranza, la más llorada.

Porque amiga, realmente te extrañaba.

Tu regreso, el más abrazado.
Tu compañía, lo más cotizado.
Buscar lo que se tuvo, lo más difícil.
La realidad, la mayor de las mentiras.

Porque amiga, fuiste la mejor.

Hasta en la traición, fuiste la mejor.

jueves, 7 de enero de 2016

Hierba entre adoquines

En el invierno austral que marca nuestra distancia, encuentro tu olor en la bufanda.

Entonces te recuerdo vestida de domingo, con pijama y calcetines, bajo la manta que arropaba todo nuestro mundo, una tarde de sofá en un fin de semana sin lunes.

La sangre de mis venas abiertas se derrama como las luces sobre las calles de esta ciudad que me sepulta en cada latido.

Pulso que me separa de ti, encuentro tu voz en la fotografía de la mesilla.

Cada noche una, diferentes hoteles y la misma melancolía junto al vaso de agua.

La carretera me muestra tantos lugares que me gustaría enseñarte, paraísos que dejaría ahora mismo a cambio de estar allí, (vuelvo a ese sofá), junto a ti y el rumor del ventilador frente a nosotros absorbiéndonos.

Deseos que mecen mi nostalgia, encuentro tu mano dentro del bolsillo de mi viejo chaquetón.

Y como hierba creciendo entre adoquines, me hago fuerte, sin flaqueza y sin tripas, corazón. Por ti, sólo por ti.

En el sur, más lejano que nunca, sin estrella polar.

En el sur, sin ti, qué cuesta arriba se hace soñar.



martes, 29 de diciembre de 2015

Donde siempre

Madrid grita tu nombre y yo te espero donde siempre.

No es tan difícil pedir perdón, me repito mil veces mientras el reloj marca la hora de tu salida.

Una marabunta sale por la puerta como champagne recién descorchado.

Tú te retrasas. Y no hay más saliva que tragar para este mudo trovador.

El eco de mi plegaria se repite donde rezo tus manos en mi espalda y el rumor de tu risa recorriendo la habitación.

Mi perro sigue tu sombra buscándote para dormir, desvelado en tu ausencia, al igual que yo, insomne de perpetua condena.

Cuando sales no lo haces sola. Un hombre te acompaña. Ríes despreocupada, quizá con aquel compañero que siempre te lleva el café a la mañana, o quizá sea aquel otro que un día te invitó a salir; “Me esperan en casa”, aquella vez tu voz contestó.

Y ahora tu sonrisa se pierde en las entrañas del metro, engullendo mi esperanza de ser yo quien compartiera asiento a tu lado en el vagón.

Volveré sobre mis pasos, solitario regreso que no era lo esperado, mascando las palabras que quedaron en mi boca, sorteando adoquines rotos de aceras que todas ellas me llevarán a tu recuerdo.

Nuestra tarde se hace noche, y mientras el ocaso pase, yo te esperaré donde siempre.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Esta noche, quién estuviera

Quién estuviera esta noche bajo tus sábanas,
perdido en lo más profundo de ti.

Porque el verano se fue demasiado pronto.

Y hoy hueles a otoño, a lluvia sobre hojas secas, a chimenea compartida, al calor en tus mejillas y mis manos buscando las tuyas.

Quién estuviera esta noche viviéndolo, 
no desnudándote en el papel.

Porque mis dedos casi rozan tu alma.

Y hoy sonríes más que nunca, jugando como una niña bajo el sol, desafiando ilusiones a la orilla del mar.

Quién estuviera esta noche llamándote sin hablar, 
enmudeciendo mis labios con tu sabor.

Porque te prometí mil veces más de lo que di.

Y hoy mi libertad lleva tu nombre, el color de tus ojos y el recuerdo del tiempo que fue de los dos.

Quién estuviera esta noche arropando sueños compartidos, 
recogiendo suspiros al viento 
y guardando tu risa para siempre en mi corazón.

sábado, 31 de enero de 2015

La proposición

La respuesta fue clara y concisa: “No insistas, no quiero”, le dijo. Lo hizo delicadamente amable, como era él, con sus gestos dulces, exquisitamente educado aunque rotundo y muy seguro de sí.

Sin embargo, en el segundo intento, la curiosidad casi vence al pudor… Pero se volvió a echar atrás rápidamente, moviendo la cabeza y gesticulando con las manos una negación en un claro intento por parecer más contundente de lo que en realidad se sentía.

En la tercera ocasión se descubrió mordiéndose el labio inferior mientras pensaba que por una vez no pasaría nada, y dijo un no tan dudoso que ni él mismo se lo creyó.

No hizo falta una cuarta proposición; Sus pies se dirigieron solos, abrió la puerta y, justo en el momento de entrar, echó mano al bolsillo del pantalón e inmediatamente visualizó su cartera reposando sobre la mesilla de noche junto a la cama donde debería estar él.

Salió, cerró la puerta y volvió sobre sus pasos.

Fue claro y conciso: “No insistas, no puedo”.