Quiso la casualidad de la vida que estuviera a esa hora por aquella oscura calle.
La música se escuchaba desde lejos.
Venía del tercero.
No lo pensé dos veces.
Por qué no intentar colarme.
Llamé a la puerta
y un chico enseguida me abrió muy amable.
Pedí un gin tonic,
no quería parecer un extraterrestre.
No fue un espejismo,
me guiñó un ojo la chica del fondo.
Así es que me tuve que pedir otro.
Y bailé, bailé tanto que no sentía mis pies.
Y reí, reí tanto que creí que el aire iba a abandonarme.
A cámara lenta vi acercarte.
Mi corazón pareció detenerse.
Cuál era mi nombre me preguntaste.
Tartamudeando no dudé en contestarte.
¿Bailas?
Sonriendo te diste media vuelta
y no me contestaste.
Bailarás con el polizón de tu fiesta,
te pronostiqué mientras te alejabas...
Y bailé, bailé tanto como si fuera la última noche.
Y reí, reí como no sabía que se podía reír.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario