pequeño tesoro cobijado bajo el manto invisible de un millón de ilusiones.
Duermen junto a mí.
Allí no se escucha el ruido de las palabras,
que envenenan la calma de mi paraíso.
Tranquilo, sin miedo.
Yo también elijo la última fila del cine,
la vida se ve mejor desde los asientos de atrás.
Como en el colegio.
Observo todo y nadie me ve.
Despacio, en silencio.
Autodidacta en la ciencia de soñar,
aprendí a vivir contando estrellas,
las mismas que las de una gran ciudad, no se ven pero existen.
Están ahí.
Y siempre creí en ellas...
A mi tío Félix.

"Regreso" Autor: Félix Piñuela

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